Cognitariado: La perdida de la atención y la sensibilidad

Merleau-Ponty proponía que no hay nada más difícil que saber exactamente lo que ves.

La forma en la que avanzamos actualmente hacia una búsqueda constante de estabilidades y comodidades se ha distorsionado fuertemente en su fin, a mi parecer. Porque ¿cuánto de nuestras vidas nos está costando soñar con tener todo resuelto? Seguro que mucho. Sin embargo, en donde quiero extraviarme esta vez es en la pérdida de nuestra sensibilidad y atención. Para esto es necesario saber qué se entiende por sensibilidad y atención.

Sensibilidad, desde mi punto de vista, es la capacidad de percibir lo que comúnmente no se percibe. Cuando me refiero a «comúnmente», estoy aludiendo a lo que, por determinado contexto, la sociedad o la masa de personas pueden notar en común. Ahora bien, lo que no se percibe es aquello que rompe los patrones y las series culturales y sociales, y el lenguaje es el principal canal para identificar estos patrones y series; por lo tanto, la sensibilidad es aquello que puede identificar signos semióticos que no pasan de manera verbal. Con la sensibilidad somos capaces de comprender, o al menos de captar, lo no dicho, los estados de ánimo, las emociones, en fin, lo tácito. Ahora: ¿por qué estamos perdiendo la sensibilidad?

Seguro que para percibir los estados de ánimo de los demás o lo que se intenta decir pero no se dice, se requiere atención. Ahora entraré a elucubrar lo siguiente: no profundizaré en la percepción y su fenomenología, pero sí en su complemento, que es la atención. Pienso la atención, primero, como una función cognitiva. Esta nos sirve principalmente para seleccionar, focalizar y sostener. Por otro lado, sus tipos son: focalizada, sostenida, selectiva, alternante y dividida.

Quiero concentrarme principalmente en las dos últimas, que son alternante y dividida. De manera breve diré que la alternante nos sirve para cambiar el «foco» entre tareas diferentes, y la dividida, para atender a dos o más estímulos o tareas de forma simultánea. Con estas ideas se entiende que está dentro de nuestras capacidades hacer más de una cosa a la vez; es decir, la atención es la puerta de entrada a varios procesamientos de información. Pero ¿qué tanto podemos procesar? ¿Cuál es nuestra capacidad de procesamiento de información?

Pienso que lo que podemos procesar de forma —al menos— más eficiente es aquello que tenga contigüidad y semejanza. Esas situaciones que tengan puntos en común, que sean fáciles de descifrar porque tienen similitudes, patrones y series que, con previa experiencia, se nos hagan fáciles de descifrar y elucidar para dar una respuesta. Pero creo que en la época actual se ha estado abusando de manera radical de los estímulos con el fin de preservar la atención de una forma mortífera. Pensémoslo bien: si la sensibilidad es capturar aquello que sale del verbo, de lo rutinario y semejante, la atención y su forma de sostenimiento actual se verán profundamente afectadas. Las personas no sostienen su atención, de forma promedio, más de 20 a 25 minutos; cosa que está bien, ya que sostenerla más de ese tiempo es puro goce, y las compañías de entretenimiento lo saben. TikTok y Meta (Facebook e Instagram) son aplicaciones altamente adictivas y visualmente programadas para mantener la atención de los usuarios. Para «entrenar» la sensibilidad es necesario ubicar la atención fuera de lo común.

Ahora, la manera elucubrada que hemos planteado la atención se percibe desde la ciencia, desde lo comprobable. Todo lo que he planteado lo he hecho desde la razón y el conocimiento común. Pero, como dije anteriormente, es necesario visualizar la atención desde fuera de lo común; solo así entenderemos la posición de la que participamos en el cognitariado. Entonces, Maurice Merleau-Ponty (1945) menciona que «la atención supone, en principio, una transformación del campo mental, una nueva manera, para la conciencia, de estar presente ante sus objetos» (p. 50). Dándonos a entender algo obvio que precisamente pasa por desapercibido por obvio. La atención es la posibilidad del cambio de percepción y, por lo tanto, el inicio del criterio. Como decíamos anteriormente que lo que es procesable para nuestro entendimiento es aquello que tenga semejanza y contigüidad, la atención es la puerta que permite ubicar los rastros de lo nuevo, es decir, lo que no se repite. De tal manera que el dominio de la atención, su sobrecarga, su explotación, su extralabor provocarían un estar en el mundo sin estar en el mundo.

Entonces, ¿qué quiero decir cuando digo «estar en el mundo sin estar en el mundo»? Me refiero a estar consciente cuando se hacen las actividades. Pareciera que se hacen las cosas por hacer. Ya no hay atención en lo que se hace y, por lo tanto, no hay sensibilidad. No hay desciframiento, ni siquiera esfuerzo de interpretación; las personas desean todo concluido y nada por desarrollar. Para dar un claro ejemplo de esto, el cognitariado será la forma en que se evidenciará cómo nos vamos convirtiendo en seres profundamente lastimados en nuestra forma de focalizar las situaciones.

Por lo tanto, tenemos un acercamiento al cognitariado por parte de Franco Berardi (2016) en su libro Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva, donde nos expresa que:

El intelectual se convirtió en un cognitariado, es decir, al mismo tiempo, en un trabajador cognitivo y proletario. […] el colapso de las energías psíquicas y sociales del trabajo cognitivo. La sobreexplotación, la aceleración de los ritmos de vida, las veinticuatro horas del trabajo de los trabajadores freelance precarizados, la depresión y el uso excesivo de drogas estimulantes para sostener el ritmo de trabajo. (pp. 212-213)e bloque. Utiliza este espacio para describir tu bloque. Cualquier texto es válido. Descripción de este bloque. Puedes utilizar este espacio para describir tu bloque.

Si bien la definición de cognitariado nos acerca a un aceleramiento del trabajo cognitivo en donde el exceso de información imposibilita un «procesamiento cerebral» adecuado —es decir, que se pueda entender lo que se recibe—, es desde aquí que se puede decir que estamos observando un fenómeno que no solo se repite en el trabajo sino en las demás esferas sociales de la vida, tanto en la familia como en las amistades. Pero ¿Se perciben los vínculos como trabajo? No exactamente, pero si de algo es culpable el cognitariado, es de formar en las personas una cultura de planificación y organización; en pocas palabras, una cultura de prevención.

Desde que comienza el día hasta que termina, el día está planificado. No hay espacios para las sorpresas porque precisamente no se toleran las sorpresas. Lo nuevo, lo fuera de rutina, se toma como ofensa porque no hay saber previo, y si no se sabe, en la cultura del cognitariado esto puede ser atroz. Aunque la idea del cognitariado encierre al intelectual y al proletario en una misma idea, pareciera que fuéramos proletarios hasta dentro de nuestros vínculos. Como si actualmente tuviéramos que salvar constantemente nuestros vínculos. Pero ¿por qué será? ¿Qué nos perdemos del otro? ¿Por qué llegar más rápido al conflicto para saber que algo pasa? Finalmente, ¿cómo tratar al cognitariado?

Merleau-Ponty proponía que no hay nada más difícil que saber exactamente lo que ves. Antes de transformar el objeto exterior en un concepto y posteriormente en una definición que se pueda entender, el objeto tal y como es: ¿qué es? Es lo que, de cierta manera, se intentará dilucidar aquí. Para esto me orientaré por Mauricio Ferrari. En él, el hecho prevalece. ¿Qué quiero decir? El realismo del nuevo mundo propone la interpretación y el constructivismo como pasajes fijos al entendimiento, como las instituciones, prácticas sociales, «hechos» históricos, etc. Sin embargo, Ferrari propone que no todo es interpretable, pues existen acontecimientos, rupturas epistémicas que desubican estructuras establecidas de conocimiento. Algo resiste a lo cognitivo, y es precisamente lo que se tiene que encontrar para saber cómo resistir al cognitariado.

Para acercarnos a la sensibilidad de esta resistencia se debe entender lo que Ferrari (2012) expone como objetos naturales y objetos sociales:

En cuanto a la distinción entre objetos naturales y objetos sociales. […] En efecto, si de un lado nos permite reconocer el mundo natural independiente de la construcción humana —evitando la salida nihilista y escéptica a la que se llega cuando se busca la distinción entre naturaleza y cultura—, de otra, permite ver en el mundo social la obra de la construcción humana que, no obstante, la interacción social, no constituye una producción puramente subjetiva. (pp. 82-83)

Con esto, podemos decir brevemente que el objeto natural es aquello donde la participación cognitiva del ser humano no existe, y el objeto social es aquel donde los objetos se reconstruyen de forma que se los pueda entender y transmitir. Es importante acercarnos al ojo del huracán, no para controlarlo sino para contemplarlo y actuar desde ahí. 

Retroalimentemos. El cognitariado es un movimiento social en donde las personas son explotadas a través de sus funciones cognitivas. La sobrecarga de procesamiento de información provoca que no exista un entendimiento ni tampoco razonamientos adecuados de lo que nos piden procesar. Si las funciones cognitivas son esenciales para entender el mundo, entonces el cognitariado está pervirtiendo la única forma de entrada a una realidad común; es decir, provoca una alta potencia de la individualidad y, por lo tanto, perdida de la sensibilidad, porque lo que entendemos como objetos sociales son realmente categorías de lenguaje para posicionarnos social y culturalmente. Ahora, como estamos perdiendo aquello, con mayor ímpetu nos estamos alejando del intento de contemplación de los objetos naturales. Bien, ahora tendríamos que preguntarnos: ¿dónde ocurre el hecho o el objeto natural en el cognitariado? Pienso que en la atención.

Como conclusión, propongo que el abordaje y el cuidado de la atención es crucial para combatir el cognitariado. Esto lo expongo como un llamado a pensar dónde ponemos nuestra atención. La atención es lo que da sentido al objeto; incluso en la contemplación del objeto natural, aunque no lo entendamos mediante el razonamiento, permite la entrada a un cambio de percepción. En el cognitariado, donde la planificación, la organización y la prevención son pilares, la atención está siendo abusada. Por otro lado, es incluso una forma eficaz para empezar a romper la alianza con la productividad cognitiva, pues se está siendo constantemente explotados y la atención es la puerta tomada por el cognitariado para empezar su proceso de desensibilización. ¿Qué te venden? ¿Qué te seduce? ¿Qué te llama la atención? ¿En qué sentido ha sido modificada tu perspectiva mediante tu atención?

Bibliografía

Berardi, F. (2016). Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva (trad. E. Sadier). Caja Negra. 

Ferrari, M. (2012). Realismo e interpretación. Ensayos sobre filosofía de la cultura. Editorial Brujas.

Merleau-Ponty, M. (1945). Fenomenología de la percepción (trad. J. Rovira Armengol). Fondo de Cultura Económica. 

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