Intentaré contestar esta pregunta alejándome de muchas teorías propuestas. La intención no es crear aquí una respuesta de la nada. Para saber el porqué, es necesario tener alguna idea o experiencia en el amor y también del acontecimiento. Tampoco me dirijo solamente a los vínculos amorosos de carácter romántico, sino también familiar. Me emociona profundizar e interpretar este tema porque: ¿cómo puede acabar algo que algún día te hizo feliz? ¿Realmente se rompen del todo estos vínculos? ¿De qué forma se rompen? ¿Qué cambia? ¿Será que existe algún tipo de movimiento que oriente a este desastre?
Sería muy arriesgado de mi parte afirmar que hay algún momento en el tiempo y en el espacio del tejido vincular que se rompe, dando como resultado que las cosas, situaciones e intercambios cambien de forma radical. O como se dice: «Ya no vuelve a ser lo mismo». ¿Pero qué es lo mismo? Si precisamente lo que caracteriza a las relaciones sociales y su basta clasificación es que están condenadas al constante cambio. La pregunta sería: ¿cuál es ese cambio que después de todo ya no se tolera?
Me voy a arriesgar a afirmar que sí existe un momento que re-organiza todo: el acontecimiento.
Antes de nada, expondré lo que de cierta manera se me viene al pensamiento cuando logro distinguir un acontecimiento amoroso. El amor siempre lo entendí desde una posición más allá de lo cognitivo y de lo físico; siempre me resultó difícil poder interpretar y explicar el amor, sobre todo cuando lo leía en textos que especificaban a detalle cómo era este, lo sentía muy burdo y prepotente. Solo desde la dificultad y heterogeneidad de la poesía es que sentía que existía un camino para entender algo tan grande como el amor. Pero como la poesía es un excedente del lenguaje, es una tarea dificultosa y ambigua simbolizar este exceso literario.
Ahora, anteriormente ya he hablado del amor en otros escritos. A grandes rasgos, mis textos entienden el amor desde Lacan y Hegel. Lacan desde su aforismo: «Amor es dar lo que no se tiene», así seco y sencillo, sin caer en la ridiculez de describir lo que no puede describirse. Y Hegel: desde mi propia interpretación de la dialéctica en relación al amor, en donde es necesario que las fuerzas choquen para hacerse un camino al amor. El famoso malentendido en las relaciones sociales. De tal manera, ahora me atrevo a intentar localizar un punto: el acontecimiento amoroso, el mismo que me ayudará a formular el acontecimiento de ruptura vincular amorosa. La respuesta no es sencilla al decir que la ruptura hecha acontecimiento se forma por la caída del acontecimiento amoroso. ¿Qué es el acontecimiento amoroso?
Para esto, propondré una forma de amor que la tenía pensando ya hace varios años a partir de mi falta de capacidad —como todos, creo yo— de materializar el amor, incluso desde el lenguaje. Muchas veces intenté evidenciar en qué momento el amor se daba, era, y sigo muy curioso sobre cómo surgía el amor y en qué momento. Pregunté muchas veces y solían decirme cosas como: «no sé, solo sucedió» o «la primera vez que la vi ya sabía que la amaba» o «lo amo porque me ama», etc. Todas estas respuestas me dejaban inconforme, ya que no se ama lo que no se conoce, el amor es algo más que la reciprocidad, y finalmente no saber cuándo exactamente pasó —aunque es una respuesta más coherente— no tenía total validez para mí. A raíz de esta inconformidad, pensé del amor lo siguiente: el amor es eso que ya pasó y uno solamente disfruta sus beneficios. Pero no de una forma mágica en donde no se hace nada, sino desmontando la capacidad y creencia de que: «Si hago esto, entonces la amaré», «Si ella o él hace esto, entonces me amará». Y el amor escapa de todos estos cálculos, incluso de esos cálculos psicológicos en donde se pretende pensar que tener una óptima salud mental te dará el mejor amor o el amor.
El amor con Lacan y mi interpretación de la dialéctica de Hegel se propone de un modo en esencia general. Es más, es una explicación ontológica del amor. Cuando Lacan dice: «amor es dar lo que no se tiene», no es una explicación descriptiva, es una forma de sujeto, y esa forma de sujeto es la falta en ser. ¿Qué quiere decir? Solamente al acercarnos a la falta en ser de uno y del otro es que hay posibilidades de un amor. Eso que nos hace vulnerables y nos impulsa a mostrarlo. Ahora, aquí es donde —a mi parecer— ubico el acontecimiento amoroso. Eso que precisamente moviliza a mostrar la vulnerabilidad.
Acercándome más a una episteme del amor desde Lacan, el acontecimiento amoroso sí es una descripción de la vulnerabilidad del sujeto. No de manera consciente, sino de una forma que empuje al sujeto a un suceso en donde no le queda más remedio que mostrarse vulnerable. Pero ¿qué es el acontecimiento? Según Jean-Luc Marion (2008), es un fenómeno que, en tanto que dado, asciende desde sí mismo a lo visible según la anamorfosis, se individualiza en su arribo, se impone irrevocablemente por su hecho consumado y rechaza la completa construcción surgiendo como puro incidente (p. 270). De tal manera, el acontecimiento es por naturaleza singular; sufre de diferentes miradas que arriban a su individualidad; no hay construcción consciente, más que solo puro incidente, que después de todo es otro tipo de construcción no consciente.
Explicado esto, el acontecimiento amoroso es ese evento que forma parte del amor que ayuda a ser vulnerable al otro y/o a uno mismo, que se evidencia una vez consumado. Lo interesante de esto es que, una vez consumado el acontecimiento amoroso, las personas intentamos darle varias y varias explicaciones del porqué, cometiendo un grave error. Slavoj Žižek decía que si alguien tiene que explicar por qué ama, entonces realmente no ama. El acontecimiento, según Marion, acepta pues todas las causalidades que queramos asignarle. Pero esta sobreabundancia impide precisamente que se le asigne una causa, e incluso que pueda comprenderse mediante una combinación de causas (p. 281). El error es sencillo de explicar: cuando un acontecimiento amoroso posibilita el ser vulnerable, asignarle una causa orientará al sujeto a repetir la causa, a exigirla y construirla; y al darse cuenta de que no generó el mismo efecto, entonces devendrá la decepción y las múltiples creencias de desamor.
El acontecimiento del amor: un momento, un instante, una brevedad para siempre
Una vez planteada la existencia de este fenómeno del acontecimiento amoroso mediante la complementación —creo yo— del aforismo de Lacan, si me era necesario hacerlo existir de alguna manera, rodeándolo desde los límites de la definición, mi intención no es controlar el amor y su acontecimiento. De por sí, ya vimos que no es posible hacerlo. Mi intención es hacer ver y recordar que el amor mantiene un estatuto de más allá de lo controlable. Para esto, apoyándome de la teoría de Marion, pienso el acontecimiento amoroso desde estos tres factores:
Irrepetible
Cada acontecimiento amoroso no es similar al otro; cada uno es único por su condición de causa desconocida. Y aunque se lograra encontrar cada una de sus causas, esto implicaría que se produce un contrasentido al tratar de buscar los criterios y la organización de sus patrones, pues sería una tarea sin fin. El acontecimiento es irreductible a su causa precisamente por la subjetividad o la manera interpretativa que se le puede adjudicar a cada causa. Es, después de todo, una anamorfosis del acontecimiento amoroso. Por lo tanto, cada acontecimiento es irrepetible e irreductible al sentido común. De tal manera que cuando se vive dicho fenómeno ya consumado, siempre será necesario esperar uno nuevo, incluso en lo que se puede creer como construido dentro de las relaciones interpersonales; el acontecimiento amoroso pasa tan rápido que los amantes no se explican qué los mantiene juntos todavía. Por otro lado, toda explicación del amor cae del lado del enamoramiento.
Excedente
Se veía anteriormente que el acontecimiento amoroso no es una causa, sino un sinnúmero de causas. Es precisamente el hecho de que el acontecimiento exista desde el exceso de sus causas que puede ser acontecimiento amoroso. Es el exceso, o muchas cosas juntas al mismo tiempo, sucediendo y ocupando un mismo lugar, lo que produce el decir: «nunca había visto nada igual». Por lo tanto, el acontecimiento se aleja de sus causas, existe porque es sin causas. No porque no existan, sino porque se revela un distanciamiento de las causas. Solamente así puede suceder un acontecimiento amoroso. Abandonados al sinsentido, es decir, a la explicación de las causas, es que se puede consumar este fenómeno. Después de todo, el acontecimiento amoroso se hace así mismo.
Posibilidad
Hasta ahora, se ha mostrado el acontecimiento amoroso como inentendible, sin sentido e inalcanzable a la explicación. Pero la posibilidad de este fenómeno solo puede existir de una forma: exponerse a lo que se muestra en tanto que se da. La vulnerabilidad de la que habla Lacan no solo se expone, sino que se muestra en tanto que se da. Para decirlo más claro: el otro solo puede ver lo frágil que somos si lo damos. No sirven las palabras o los actos a medias. Se necesita dar lo que no se quiere dar. Solo así el otro verá el acontecimiento amoroso. Es un acto que muchas veces se puede entender como violento, pero después de todo es cuestión de perspectiva.
Ruptura vincular amorosa
Ahora sí, una ruptura se permite de la manera inversa de lo que se ha explicado. ¿Cómo? Se había mencionado anteriormente que la búsqueda de la repetición de la causa produce un incesante deseo de querer volver a lo que antes hacía feliz. Pues si funcionó una vez, podrá funcionar dos veces. Podríamos llamar a esto lo repetible o lo monótono de las relaciones sociales: la incapacidad o el escaso trabajo de encontrar lo nuevo en lo viejo. Así mismo, la localización de cada causa con el objetivo de controlar la relación para no hacer daño y no hacerse daño. Esta defensa que obstaculiza el amor se complementa muy bien con el exceso de razonamiento. Dar razón de todo lo que pasa en las relaciones para que la relación no falle es un intento loable, pero que entorpece la naturaleza contingente del amor. Se agregaría incluso que el razonamiento enlaza la moral que dictamina lo que se debe hacer y no dentro de una relación. La incapacidad de dar paso al excedente y no respetarlo es infravalorar el goce del otro. Es tomarlo a la ligera y solo valorarlo desde una perspectiva moral-cultural. Por otro lado, la falta de ver lo que posibilita el acontecimiento amoroso, es decir, no ir más allá de las causas, el suponer que se conocen las causas, es dar por determinados los efectos del acontecimiento. Solo dictamina un amor economizado.
Una crítica a la metáfora económica con la que se pretende explicar el amor
Por último, me gustaría hacer una crítica a la semio-economía en donde se encuentra atrapada la idea del amor. Oigo mucho que el amor se trata de dar y recibir, de porcentajes, de cuánto se puede ofrecer y de cuándo se puede pagar. He escuchado, además, que del amor no se vive y que se necesita comer, vestirse y un techo donde dormir. Por todo lo que se ha escrito, está más que claro que el amor como acontecimiento es perfectamente diferente a este lenguaje económico del amor. Del amor SÍ SE VIVE, pero no de la manera común y corriente que se piensa. El amor permite perdonar, permite ver más allá del sufrimiento de los otros, permite ser empático, permite ser tolerante, permite esperar, permite salir de uno mismo.
El dinero puede dar comodidad, pero no puede hacerte sentir amado o amada; no se puede comprar amor. Por el amor se trabaja. El amor en este caso es violento porque siempre requerirá que estemos en deuda, siempre nos veremos sobregirados, en bancarrota en una dimensión metafísica. La idea de que el amor tiene que ser proporcional en las relaciones proviene de la semiótica del capitalismo. Un tipo de lenguaje económico en donde uno debe mostrarse como promovedor para ser amado. Después de todo lo que se ha escrito y analizado, es claro que amar en la actualidad es un acto violento.
Bibliografía
Marion, J.-L. (2008). Siendo dado: Ensayo para una fenomenología de la donación (Trad. J. A. Garrido Arilla). Editorial




