Los lugares que nos cambian…

Estaba yo ahí, preguntándome sobre que podía escribir próximamente, tenía algunos temas listos, pero creo que no se trata de tener los temas listos sino los temas que me generen curiosidad, esos que creen en mi algún tipo de acontecimiento, que me generen algún tipo de movimiento que me haga levantar en las madrugas a escribir porque los pensamientos se sobresalen del borde de mi cráneo. De forma curiosa pregunté a mi sobrina política de 11 años sobre que podía escribir, ella dijo casi saltando de su asiento y con expresiones exageradas articuladas en todo su cuerpo: escribe sobre los lugares que nos cambian. Y bueno, ahí vamos. 

Lo que más me sorprendió fue la sorpresa de la niña. Y creo que no es para menos. ¿Qué somos antes de llegar a un lugar? Somo extraños, somos una vacío de ese lugar, no precedentes, no hay manual ni instrucciones antes de llegar a un lugar. En todo caso existe imágenes del lugar, pero no cómo el vivir con anticipación tal lugar, la antesala, el pasillo convertido liminal. El espacio entre espacios. Entonces vamos asustados en lo profundo, sacamos lo que tenemos, lo que no esta vacío, lo aprendido de otros lugares que nos hacen creer que ya sabemos. En realidad, nos hacen unos mentirosos, todos somos mentirosos. Y somos mentirosos desde el campo de perspectiva de los demás. 

Por lo general, todo lugar nos cambia, es de cierta manera natural y condicionante el hecho de que la simbiosis sea una estrategia tan importante al momento de llegar a un lugar. Lo relacional explota lo individual. Solo no podemos, siempre nos veremos acompañados de algo o de alguien y lo curioso es que a falta de materialidad entonces lo inventamos desde un modo metafísico, como más psíquico. Esto me hace pensar si el cambio es condición de nuestra existencia o solamente goza de innata naturalidad. Quiero decir, si buscamos el cambio o solamente el cambio llega. Más bien pienso que se busca el cambio. ¿Y que buscamos con el cambio?

Pienso que ante todo, lo que buscamos es movimiento pues estar detenido es una tragedia en sí. Y no quiero referirme al movimiento en su estatuto productivo – capitalista sino a ese movimiento clásico y eterno del deseo. La falta que produce deseo, mismo deseo que nos ayuda a buscar. ¿Buscar qué? cualquier cosa, no importa, pero la búsqueda es lo interesante, el mismo hecho de buscar, el movimiento de buscar ayuda y genera sentimientos de esperanza, de fe, de confianza, de espera y de ideales. Todo esto composibilita un lugar. Sin embargo, pienso además en las maneras en qué nos cambia los lugares. ¿Sera necesario visualizarlo desde una posición moral? Es decir, los lugares que nos cambian para “bien” o para “mal”.  ¿Qué significa esto? 

Lo que pienso es lo siguiente. Somos una combinación rara de los lugares que visitamos. Si lo pensamos bien, las personas son lugares, las personas tienen la capacidad y muchas veces el atrevimiento de insertarse muy adentro de cada uno. Son una especie de creadores aquellas personas que consideramos lugares. Ponen, quitan, agarra, disponen, fijan y arrebatan. Todo esto para crear algo en cada quien. El lugar, por más inmóvil que parezca no es pasivo, es sumamente activo. Entonces vale imaginarse que, al pasar por tantos lugares, tantos creadores, se llega a ser una especie de Frankenstein. Después de todo, una combinación de múltiples partes, múltiples experiencias, muchas identidades. Pensarlo así, me acerca al hecho que la singularidad se halla ahí en la macro visualización de lo múltiple. Ahí donde acercamos la lupa. Habría que preguntarnos que tanto uno se conoce. Uno se conoce tal vez hasta donde tiene las posibilidades de ver, más allá de eso es materia oscura. Sin embargo, la moral es un calificativo sociocultural. Es la conducta aprendida, la norma que te regula, la regla que te auxilia ¿de que? De ti mismo. 

Pareciera que el bien y el mal insisten en una sola identidad. Pareciera que la moral buscará alinear los lugares para producir una sola identidad para todos y todas. ¿Qué determina un lugar sea bueno o malo? ¿hasta dónde debemos trabajar con lo que trabajó el lugar? Pienso tal vez que un lugar que no tenga conclusión es un lugar no entendido. Sin embargo, Freire en el 2002 proponía que “el lugar condiciona la articulación del sujeto como individuo y como colectivo. Es en lugar, en el contexto, donde el yo se configura como yo, porque en su relación con el tú (el otro) implica una relación constituyente; el yo y el tú pasan a ser dos tú que se configuran como dos yo. (Freire, 2002).

Es necesario pensar que, aunque se tenga una conclusión ontológica y epistemológica de lo que puede accionar o provocar un lugar en la subjetividad del ser humano es necesario ir un poco más allá. Los contextos según Derrida no nos determinan, Foucault propone los contextos derivados de los discursos que sufren exclusión al ser enunciados desde la voluntad de verdad y, por otro lado, Lacan dice los discursos son lazos sociales. ¿A dónde quiero llegar? Los lugares son por esencia narrativas que se pueden contar. Son contextos históricos determinados que pueden ser dichos, pero también re – dichos. 

Foucault decía que “lo nuevo no está en lo que se dice, sino en el acontecimiento de su retorno” (1970). Contantemente somos dichos de lo que ya está dicho y plantearse solamente desde esta posición impide vivir los lugares que habitamos desde una forma singular, en todo caso se lo viviría de forma universal. El acontecimiento es por naturaleza irrupción, rompimiento, lo nuevo, lo real y precisamente el retorno de lo real es lo que permite la posibilidad de vivir de forma distinta nuestras posiciones. 

Por lo tanto, es necesario narrar los lugares, narrar su materialidad, narrar a las personas que hacemos nuestro lugar, describirlas, conocerlas, invadirlas y desterrarnos. Hacer un maptelling de los cuerpos que transitan en las vías de lo desconocido de ese lugar que realmente no conocemos por solo habitarlo. Sino de verdad vivirlo y padecerlo, dejarse afectar por las múltiples transiciones idiosincráticas. En verdad, es necesario pensar que un lugar no solamente se está para estabilizarse sino para desestabilizarse. 

Al final, no supe hasta este momento de que no estaba hablando de lugares físicos sino de lugares ontológicos. Vaya. 

Bibliografía

Foucault, M. (1970). El orden del discurso. Fabula TusQuets Editores. 

Freire, P. (2002). Concientización. Teoría y práctica de la liberación. Galerna.

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